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El 45% de las emisiones de gases de efecto invernadero provienen de la producción de bienes. El próximo 28 de enero se celebra el Día Mundial de la Acción frente al Calentamiento Terrestre con el objetivo de alertar del riesgo que supone el cambio climático para la humanidad y el medio ambiente. Una fecha que nos recuerda la importancia que tiene reducir las emisiones de CO2 a través del impulso de medidas de protección del entorno.
El carbono del suelo de los lugares fríos del mundo se aglutina en la fracción más vulnerable al cambio climático, según desvela un estudio liderado por el CSIC y publicado en la revista 'Nature Geoscience'. Las conclusiones ilustran una situación “ya de por sí dramática”, según afirma el autor principal del artículo, Pablo García-Palacios. “Si este carbono se libera a la atmósfera en forma de CO2, la concentración de este gas de efecto invernadero aumentará".
El hielo en los casquetes polares se reduce y aumenta el peligro para la vida de las especies, como es el caso del pingüino emperador, que al ritmo de calentamiento planetario actual estará casi extinguido en unas décadas, según advierte en su más reciente informe la Organización Meteorológica Mundial (OMM). La predicción se basa en el análisis de imágenes de satélite de 2022 en el centro y este del mar de Bellingshausen, al oeste de la península Antártica.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha colocado bajo examen a las emisiones de gas metano (CH4) asociadas a la ganadería de rumiantes, y también del arroz, debido a su participación en la crisis climática al contribuir al calentamiento de la atmósfera. Así se ha puesto de manifiesto en el marco de la celebración de la Conferencia Mundial sobre Transformación Ganadera Sostenible.
“La humanidad ha abierto las puertas del infierno”, afirmó el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, al dar la bienvenida a los líderes mundiales que asistían a la primera Cumbre sobre la Ambición Climática, un evento convocado en el marco de la Asamblea General de la ONU de este año. “Este espantoso calor está teniendo efectos terroríficos·.
El cambio climático está frenando la lucha contra la pobreza, el hambre y las enfermedades mortales, entre otros Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), según se ha mostrado esta semana en el informe “Unidos en la Ciencia”, de agencias de las Naciones Unidas coordinadas por la Organización Meteorológica Mundial (OMM).
Recientemente, el Secretario General de la ONU Antonio Guterres señalaba que “La era del calentamiento global ha terminado. Ha llegado la era de la ebullición”. Esa, en la que las consecuencias de una realidad manifestada y preavisada nos condena a enfrentar a un hecho incuestionable sobre la veracidad de los cambios que hoy están sufriendo – en algunos casos de manera inexorable – nuestro hábitat, flora y fauna.
Según el Instituto de Fronteras Oceánicas, el océano cubre más del 70 % de la superficie del planeta y absorbe el 25 % de las emisiones de dióxido de carbono de la atmósfera; sin embargo, existe una falta crítica de comprensión sobre los cambios que ocurren en los mares a medida que aumentan las emisiones de gases de efecto invernadero.
El nivel del mar en la Península Ibérica, Canarias y Baleares ha subido 2,8 milímetros cada año desde 1993, lo que supone un aumento de casi el doble respecto a la media entre 1948 y 2019. Así se desprende de un trabajo liderado por el Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC), en colaboración con el Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (Imedea) y publicado en la revista ‘Geosciences’.
Los 193 Estados y territorios que integran la Organización Meteorológica Mundial (OMM) aprobaron por unanimidad una nueva iniciativa de vigilancia sobre los gases de efecto invernadero, en apoyo a las medidas urgentes para reducirlos pues impulsan el aumento de la temperatura en el planeta. Los más perniciosos gases de efecto invernadero son el dióxido de carbono (CO2), el metano (CH4), y el óxido nitroso (N2O).
Los últimos ocho años fueron los más cálidos registrados en el planeta, con concentraciones récord de gases de efecto invernadero, e inusitadas lluvias, sequías, olas de calor y glaciares que se derriten en varias regiones, según destaca un nuevo informe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM).
Los cambios en el planeta tierra: el calentamiento global, el aumento del nivel del mar, la desaparición de flora y fauna, los desastres ecológicos, la contaminación, la crisis del agua, entre otros, son problemas avasalladores y casi imposibles de hacer desaparecer, sólo el tiempo y un gran esfuerzo por parte de todos haría la diferencia.
Modificar la radiación solar, para contener la crisis climática derivada del calentamiento del planeta, todavía requiere mucha investigación sobre riesgos y beneficios antes de considerar su posible despliegue, según advierte en un nuevo informe el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma).
La desaparición de los elefantes en África, que ya se encuentran en peligro crítico de extinción, supondría que la selva tropical del centro y el oeste de ese continente -la segunda más grande del mundo- perdería entre un 6% y un 9% de su capacidad para captura carbono atmosférico, lo que amplificaría el calentamiento global.
El planeta se dirige a un calentamiento de 2,4 grados a finales de este siglo con la actualización de los planes climáticos nacionales, porque pocos países han aumentado este año sus objetivos climáticos para 2030 y han realizado nuevos compromisos de cero emisiones netas de gases de efecto invernadero.
Un servicio que tiene, además, impactos positivos para el medioambiente, y que ha logrado reducir la emisiones de CO2 en 216,60 toneladas al año, según cálculos internos.
Los resultados de la modelización concluyen en que las subidas de los precios del trigo a nivel mundial serán mayores y más frecuentes, lo que supondrá una presión económica adicional sobre los medios de vida cotidianos.
El calor extremo intensifica los síntomas en personas que sufren trastornos psiquiátricos. Se aconseja tener buenos hábitos como el descanso, la alimentación saludable o la realización de actividades deportivas en horarios con menor calor, de forma que se reduzca la posibilidad de sufrir estrés y cambios de humor drásticos.
El calor que padecemos al igual que el frío, nos produce unas sensaciones térmicas que las mitigamos con una disminución o aumento de la temperatura ambiental. Cuando no existía el aire acondicionado o la calefacción combatíamos el calor con lumbrado, materias orgánicas como el carbón o la madera.
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