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El abrazo de Vergara y un resumen de nuestra historia

¿Seremos capaces de redactar una Constitución que nos dure al menos 200 años?
Francisco Rodríguez
martes, 19 de noviembre de 2019, 08:35 h (CET)

El abrazo entre los dos políticos del momento, Sánchez e Iglesias, me ha hecho recordar otro célebre abrazo, el de Vergara, entre el general isabelino Espartero y el general carlista Maroto en agosto de 1839, que puso fin a la primera guerra carlista, pero en el que se acordó el restablecimiento de los fueros para el territorio vasco-navarro, lo que traería cola desde el ya lejano siglo XIX hasta el afectuoso abrazo de Sánchez e Iglesias, que puede envolver graves acuerdos contra la unidad de España, aceptando, a cambio de votos, las reivindicaciones que hoy están invocando otras regiones españolas aprovechando la debilidad del gobierno.

El acuerdo de Vergara provocó problemas administrativos, ya que colisionaba con la unidad territorial que había establecido el motrileño Javier de Burgos durante el gobierno de Martínez de la Rosa en 1833 y que ha estado vigente hasta la nefasta instauración del sistema autonómico de la Constitución del 78, a mi parecer.

Pero al desempolvar la historia de España del siglo XIX me doy cuenta de que las luchas por el poder de las distintas facciones que con diversos nombres han jalonado nuestro pasado –isabelinos contra carlistas, exaltados contra moderados, liberales contra conservadores...-, y la gente, el pueblo, como masa a movilizar en permanentes algaradas, de cuya suerte pocos se preocupaban.

Mientras que hay naciones que se rigen por constituciones centenarias, España ha cambiado de constitución siete veces en el siglo XIX, desde la primera de 1812 a la de 1876. Siempre las Constituciones son obra de la burguesía y sus gerifaltes. Desde 1808 a 1869 será la burguesía revolucionaria y desde 1874 a 1931 de la burguesía conservadora, según La Historia de España Alfaguara.

La burguesía conservadora, Cánovas y Sagasta, que dieron vida a la Restauración y a la Constitución de 1876, y fue beneficiosa para España, se topó con un proletariado que estaba asumiendo las ideas revolucionarias del marxismo, del socialismo o del anarquismo a las que el gobierno de Alfonso XIII no supo hacer frente, dando paso a la Dictadura de Primo de Rivera, héroe de la guerra de África, que fracasó y lo mismo el general Berenguer que le sucedió. Sin encontrar ningún apoyo, Alfonso XIII sale de España y se proclama la II República (la primera fue la cantonal de 1873 que terminó con más pena que gloria)

La república de 1931 tampoco resultó viable por su sectarismo, enfrentamiento permanente entre derechas e izquierdas y el resurgir del catalanismo separatista. En Asturias se produjo un alzamiento revolucionario, se impidió gobernar a la derecha (CEDA) y una izquierda vengativa comenzó con acciones que llevarán a la guerra civil. La constitución de 1931 no tiene defensores del orden y se produce un alzamiento militar que triunfa y gobernará España de forma dictatorial el general Franco hasta 1975, en que muere.

El régimen de Franco no intentó establecer una nueva Constitución sino que dictó una serie de leyes que llamó Fundamentales del Reino como la de Principios del movimiento, Fuero de los Españoles, Fuero del Trabajo, ley Constitutiva de las Cortes, ley de Sucesión en la jefatura del Estado y otras por el estilo que se han archivado sin leerlas.

Cuando fallece, los llamados Procuradores en Cortes dan cumplimiento a la sucesión en la jefatura del Estado en la persona de Don Juan Carlos de Borbón e inician la redacción de una nueva Constitución, capaz de superar viejos enfrentamientos y contentar a todos los que querían aprovechar la ocasión de conseguir sus aspiraciones forales o separatistas.

Y en eso estamos. Está claro que será necesario reformar la constitución del 78 pero no está nada claro que todos los partidos políticos tengan buena voluntad sino más bien ansias de poder e incluso de revivir viejos odios y enfrentamientos.

Por favor ¡una Constitución para un par de siglos!

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