Siglo XXI. Diario digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Tienda Siglo XXI Grupo Siglo XXI
21º ANIVERSARIO
Fundado en noviembre de 2003
Opinión
Etiquetas | Geopolítica | Azerbaiyán | Armenia

Juego caucásico para dos o más participantes

El concepto de guerra subsidiaria es útil, aunque envuelve con justificaciones externas elementos internos y entrecruzamientos difíciles de encasillar
Augusto Manzanal Ciancaglini
miércoles, 9 de diciembre de 2020, 12:58 h (CET)

La pugna permanente en Nagorno Karabaj ha desembocado en otra guerra con un consiguiente acuerdo de paz que deleita a Azerbaiyán, apena a Armenia y posibilita nuevas temporadas bélicas. Más allá de la gestión concreta de la situación en cuanto a combates, desplazamiento de poblaciones, treguas rotas, resultados militares y consecuencias políticas, esta es otra oportunidad para intentar entender la complejidad de los conflictos desde perspectivas menos simplistas.


El concepto de guerra subsidiaria es útil, aunque envuelve con justificaciones externas elementos internos y entrecruzamientos difíciles de encasillar. Armenia y Azerbaiyán se enfrentaron una vez más por esta región originalmente azerí y controlada de facto por armenios, pero la trenza de esta proxy war tiene diferentes niveles: en lo más bajo habrían luchado combatientes del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) y mercenarios sirios, ofrenda que Turquía pone a sus hermanos étnicos y sobre todo a su propia influencia que crece a través de los rastros otomanos.


A simple vista sería un enfrentamiento entre dos Estados túrquicos, Turquía y Azerbaiyán, y dos armenios, la República de Armenia y la República de Artsaj. El problema comienza cuando aparecen otros actores importantes que quedan a contrapié.


Irán debería volcarse con uno de los pocos países de mayoría chiita. Sin embargo, por su propia población azerí y las buenas relaciones entre Azerbaiyán e Israel, su alianza con Ereván parece tener más peso. Rusia, por su parte, está en una situación más complicada: con una responsabilidad histórica sobre ambos Estados postsoviéticos, se decanta por Armenia. No obstante, por cuestiones energéticas y armamentísticas no puede soltar a Bakú. Los límites oficiales del juego ruso a dos bandas se encuentran en territorio armenio, donde Moscú estaría obligado a intervenir en virtud de la Organización del Tratado de la Seguridad Colectiva. Al final, Rusia supo dar su zarpazo inteligentemente y salvó in extremis a una Armenia abocada a una derrota todavía más aplastante.


La ambigua relación de Rusia con Turquía se vuelve a reflejar en un conflicto en el cual, entre el peso de la diáspora armenia y el gas azerí, todo se termina de embrollar con la implicación de Francia: aquí llega el punto más elevado de las tensión regional; París y Ankara van acumulando fricciones que se desbordan a través de la patria azul de cada uno, es decir, los mares. Allí embeben más su rivalidad con historia, ideología y religión.


Dentro de una galería de actores regionales sencillamente materialistas, Francia echa mano de su esencia al igual que Turquía: el portaestandarte de la ilustración occidental y el más reciente aglutinante del islam se acechan en un contexto de crisis sanitaria que solapa la conflictividad social y religiosa. El último trazo de la frontera cultural y de intereses entre ambos países con vocación de líder se dibuja en un semanario satírico.


Azerbaiyán es la joya de las coronas y todo indicaría que esta partida se cerró con un triunfo claro para Rusia y Turquía. Sin embargo, un éxito simultáneo es algo incongruente y además la supuesta movida maestra de Moscú podría estar siendo imitada por otros desde un nivel más alto: en este delicado juego de superposiciones de zonas de influencia es posible entregar pequeñas parcelas de desgaste mutuo asegurado o de modestas victorias como maniobras de diversión para recoger algún fruto. Francia no disfruta de este privilegio, por lo cual debe planear su siguiente jugada; teniendo en cuenta que el próximo secretario de Estado creció en París, el tablero podría volverse más cómodo.

Noticias relacionadas

El nombre del circo lo hemos cambiado de lugar. Ahora lo tenemos en el congreso de los diputados. Sus señorías lo han trasladado al circo de verdad. estos han pensado que los leones estaban muy solos y hacía falta darle más chispa.

La palabra terremoto para mí es una palabra significativa. Es una palabra significativa porque viví el terremoto de Lorca del 2011. En nuestra mente, todos tenemos palabras que destacan por su significatividad. “Cáncer”, una palabra muy significativa, para las personas que luchan contra esa enfermedad. “Guerra”, significativa para las personas que han abandonado su casa, huyendo de la violencia. “Desempleo”, para las personas que hace tiempo que perdieron su trabajo.

Hoy en día existe una gran preocupación por los distintos tipos de contaminación, -atmosférica, acústica, (...)-, del medio ambiente y los efectos nocivos que provocan para los seres humanos o el medio ambiente. Esta realidad, me ha hecho pensar en “los contaminantes” que suponen una amenaza para el ambiente familiar y sociocultural de cualquier persona. Ambientes en los que conformamos nuestra personalidad, nuestro pensamiento y, por ende, nuestra forma de vida.

 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter   |  
© 2025 Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris
© 2025 Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto