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La dama vestida de negro

Relato dedicado a la promotora cultural y escritora Lesbia Sánchez Bolaños
Bayardo Quinto Núñez
miércoles, 10 de enero de 2024, 12:04 h (CET)

El síndrome de la viuda alegre, así se denominaba para hombres y mujeres que quedaban viudos, porque llevaban una vida social antisocial, despreocupada, libre y sin limitaciones de ningún tipo. Eran un cuadro clínico que por sus propias características poseían cierta identidad, signos, que concurrían en tiempo y formas causas fuera de lo común, que la época conservadora lo rechazaba, pero ese era el modus vivendi.


La noche estaba pálida, daba la impresión que atacarían los espantos. La entrada al Teatro estaba oscura, daba mucho miedo, pero al abrir la puerta principal para entrar la luminaria lunar caía en el centro del escenario, todo un espectáculo antes de iniciar la obra la ¡VIUDA ALEGRE!


A la sombra de las muchachas, no era un tiempo perdido, era como estar en casa y tratar de invitar a cenar por vez primera, era todo un banquete, porque sin duda habría sido grato cualquier mesa haría siempre bien un convidado eminente, un sabio ilustre, como lo era la VIUDA ALEGRE, pero que con aquella ostentación suya, con aquel modo de gritar por insignificantes que fuesen, no pasaba de ser un vulgar, y le habría parecido indudablemente en materias mundanas llevada a una extrema delicadeza la modestia y la discreción y perdón.


La obra estaba a punto de dar inicio, cuando aparece en los pasillos del teatro la dama vestida de negro, alegrona, saludando a todos, con un hermoso beso en la mejía, los artistas participantes compenetraban y saludaban, quien se llevaba las palmas era la dama vestida de negro.


El público también  iba entrando y tomando asiento, una música clásica alegraba el ambiente. En fin, toda una trama bien perfilada. Se abre el telón y la dama vestida de negro con el escenario árido se desplazó corriendo de lado a lado, los asistentes estaban asombrados, en fin, dio inicio la obra, cada artista hizo su capítulo. Terminó  la obra, los aplausos eran abundantes y muy motivadores, y nunca más se volvió a ver a la dama vestida de negro, pero al salir del teatro se volvió a ver, todo los asistentes asombrados, y los comentarios, porque no hizo su capítulo. La dama vestida de negro, saludaba despidiéndose.


-Usted sólo  corrió en la obra como en el desierto-le dijo un asistente-.


-La dama vestida de negro le respondió: si, lo que sucedió  fue que, me confundí en los pasillos y en momentos que abrieron el telón  yo iba buscando por donde salir y sentarme en los asientos,  entonces me asusté y salí corriendo-respondió la dama vestida de negro-.


-¿Quiere decir que usted no era parte de los artistas?-señaló el asistente-.Parte del público escuchaba atentamente la conversación.


-Pero esa primerísima  parte estuvo buenísima, porque una vez que usted desapareció del escenario salieron todos los artistas, fue fenomenal-le adujo el asistente-.


-La próxima obra, solicítese a participe, se le ve toques de artista-le exteriorizó otro asistente-. El público hizo un círculo para escuchar.


-Muchas gracias a todos por su comprensión-dijo la dama vestida de negro, que estaba un poco apenada-. En ese preciso momento iba saliendo el Director de la obra “LA VIUDA ALEGRE” y se dirigió a la dama vestida de negro: su participación fue fenomenal, no lo contempla la obra, pero ese toque le dio emoción ¿le gustaría que le invite para otras obras que tenemos pendiente para que participe?


-La verdad de las cosas es que, yo soy una novel escritora, nunca he publicado un libro, pero si me gustaría actuar-respondió la dama vestida de negro-.


-Eso que acaba de decirme está  muy bueno. Deme su número de teléfono y dirección y le estaré llamando-indicó el Director de la obra-. Y a propósito tenemos una obra intitulada “CAIDO DEL CIELO”.


-¿Quiere decir, ahora envés de correr voy a volar-repuso la dama de negro? Los asistentes se lanzaron tremendas carcajadas y los aplausos eran cautivadores…


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