El mismo miércoles 27 de noviembre en que comenzaba la tregua Israel-Líbano, herederos de Osama Bin Laden atacaron Alepo, la segunda ciudad siria, para conquistarla en media semana. Una semana después tomaron Hama, la cuarta urbe del país. Su siguiente objetivo debe ser marchar al sur hacia Homs para luego ir a Damasco, que son la tercera y la primera ciudad de dicha república, respectivamente.
La rapidez con la cual han avanzado las fuerzas binladenistas y pro-turcas se debe, en parte, al agotamiento del régimen de los Assad, a la crisis de abastecimientos y a las guerras de Ucrania y del Líbano que han hecho que Hezbollah y Rusia ya no tengan tanta presencia en Siria para socorrer a Damasco.
La guerra civil siria lleva 13 años, en los cuales han muerto 600 mil personas y otros 13 millones han sido desplazados. Alepo es una de las urbes más castigadas, pues está en el cruce entre los cuatro mayores bloques armados que operan en dicha nación. Al sur está el gobierno central de Damasco presidido por Bashar al-Assad, que estuvo controlando el 70% del país. Al este se encuentran las “Fuerzas Democráticas Sirias” (FDS), que detentan la región nororiental kurdohablante y que son apoyadas por EE.UU. Desde el norte avanza el “Gobierno Interino Sirio”, apuntalado por Turquía. Desde el oeste vino a tomar Alepo la “Organización Liberadora del Levante” (HTS), que inicialmente fue parte del “Estado Islámico de Irak y Siria” (Daesh) y luego de Al Qaeda.
Cada uno de estos cuatro campos tiene intereses contrapuestos, aunque algunos pueden coordinar entre ellos. En la actual ofensiva contra Assad convergen los remanentes de Al Qaeda con las fuerzas pro-turcas, mientras que Assad se ha replegado de algunas zonas kurdas para permitir que estas se enfrenten mejor a los pro-turcos. Además, hay decenas de otros grupos que pueden cambiar de alineaciones, dividirse o guerrear contra sus aliados.
Para Turquía, su enemigo principal son los kurdos, pues teme que la autonomía lograda por este pueblo en Siria e Irak pueda expandirse a su república (donde residen unos 15 millones de ellos). Los 40 millones de kurdos son la nación sin Estado más grande del globo y se hallan repartidos entre Siria, Turquía, Irak e Irán; todos estos países rechazan la posibilidad de que se cree una república del Kurdistán.
EE.UU., que tiene personal en los territorios sirios más ricos en gas, petróleo y aguas, apuesta por quienes les abran las puertas a sus transnacionales y tropas, por lo que prefiere a las FDS y ciertos grupos en el sur.
El HTS se presenta como un movimiento puramente sirio que no acepta la injerencia extranjera y que cuestiona a Assad acusándolo de encabezar una tiranía familiar que dura 53 años y que sobrevive gracias a la intervención militar de Rusia, Irán y sus socios del Líbano e Irak. Sin embargo, el HTS no ha podido lograr la captura de Alepo sin un alto porcentaje de “voluntarios” fundamentalistas sunitas de otros países y sin grandes apoyos externos, algo que se evidencia por su capacidad armamentística.
“MintPress” denuncia que combatientes y drones ucranianos han apoyado la incursión del HTS con el objetivo de distraer a Moscú de Kiev y que, al día siguiente de que este capturara Alepo, Israel hizo estallar dispositivos personales de efectivos sirios (como antes lo hizo con los de Hezbollah). Mientras la cancillería israelí sostiene que rechaza a todos los bandos, Mordechai Kedar, exagente de inteligencia hebreo, afirma que él está “en constante contacto con los líderes de la oposición siria” y que estos “no consideran a Israel como enemigo”.
Israel siempre considera a Irán y su “Eje de la Resistencia” como el enemigo principal y sostiene que va a bombardear cualquier intento de dicho bloque de participar en la guerra siria. En cambio, al HTS no lo ataca y, más bien, le da apoyo logístico y atención hospitalaria a sus heridos. Tel Aviv tal vez no quisiera que el HTS tomara el poder en Damasco, sino utilizarlo para debilitar a Siria, país al cual ha bombardeado cientos de veces en el último quinquenio sin que este tenga la capacidad de contestar (como sí lo han hecho Hezbollah o los hutíes de Yemen).
Para el “Eje de la Resistencia” de Irán y sus aliados, los distintos grupos binladenistas son “instrumentos de Israel”, pues nunca han atacado a dicho Estado ni participan de la “resistencia palestina”, mientras que su objetivo principal consiste en guerrearles en Yemen, Siria e Irak.
Llama la atención la fecha exacta en la cual el HTS se lanzó sobre Alepo, algo que parecería estar ligado al ajedrez de otras fuerzas mayores. Con esta movida, Israel busca evitar seguir en el centro global de las noticias y que Irán deje de concentrarse tanto en atacarlo. Benjamín Netanyahu aparece menos en los medios como alguien requerido por la Corte Penal Internacional y cree tener más libertades en su accionar militar. “Ha’Aretz”, el diario hebreo más antiguo (al cual Netanyahu quiere asfixiar), denuncia que su gobierno quiere terminar una “limpieza étnica” en el norte de Gaza. Mientras Tel Aviv sigue violando la tregua con Beirut, también ha atacado lugares en Siria donde reclama que operan Hezbollah o Irán. Igualmente, EE.UU. ha bombardeado en el este sirio presuntamente contra fuerzas pro-Assad.
En el principal monumento histórico de Alepo ahora cuelga una bandera de Turquía, república que acusa al HTS de “terrorista”, pero que se vale de su accionar para que sus asociados conquisten territorios kurdos en Siria. Qatar y Turquía quieren sacar provecho para aparecer como “mediadores” promoviendo un “gobierno de unidad nacional” en el cual varias otras naciones islámicas pudiesen contar con ministros afines.
Cada vez salen más reportes de que las fuerzas pro-turcas trabajan juntas con el HTS, pero el presidente turco Recep Erdogan quiere llegar a un compromiso mediante el cual Damasco logre que el FDS y los kurdos se retiren de las cercanías de su frontera y se logre repatriar a 3,5 millones de refugiados sirios en su nación. Con esta guerra, la ONU estima que pronto van a darse 1,5 millones de refugiados sirios más.
Debido a que el HTS tiene un carácter autoritario y ha estado planteando históricamente el establecimiento de un emirato o Estado islámico sunita basado en la ley de la Sharía, y a que sus aliados pro-turcos tienen estrategias diferentes, es probable que entre ellos se produzcan choques en un determinado momento. Por el momento, el HTS no sigue su anterior conducta de reprimir a las minorías cristianas, drusas, kurdas, alauitas o chiitas, pero es muy probable que las cosas cambien a medida que se vayan aferrando al poder, pues su doctrina les llama a un Estado purista teocrático.
La prensa occidental ahora pinta a los del HTS como “rebeldes”, pese a que esta organización está caracterizada como “terrorista” tanto en EE.UU. como en Turquía. Su caudillo, Abu Mohammed al-Golani, fue creador del Daesh y luego de la sección siria de Al Qaeda (“Al Nusra”), la misma que devino en el HTS. Hoy quiere aparecer como una figura “moderada” que busca unir en torno suyo a toda la oposición, pero en ningún momento llama a una democracia multiétnica, elecciones generales o constituyentes. El riesgo es que su movimiento termine como otros herederos de Bin Laden en Yemen o Libia, que acaban desintegrando a su país en feudos liderados por señores de la guerra y tiranuelos.
La incursión del HTS ha malogrado planes de sauditas y emiratíes para distanciar a Assad de Irán, haciendo que este ahora deba depender más de Teherán, que ha indicado su disposición a enviar tropas, mientras que hay 30,000 efectivos iraquíes dispuestos a entrar en Siria para defender a Assad.
No hay ninguna gran movilización popular de bienvenida al HTS en Alepo, donde suscita temores dentro de las mujeres y minorías étnicas. Es improbable que dicha ofensiva siga avanzando hasta tomar Damasco. EE.UU. e Israel van a valerse de ello para crear una cuña entre Ankara y Teherán y para promover guerras civiles que debiliten al eje proiraní en Siria, Líbano e Irak.
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