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​¡Lo que hay que ver!

Antonio Carrasco Santana, Valladolid
Lectores
miércoles, 26 de febrero de 2025, 13:48 h (CET)

Si nos fijamos bien, observaremos que la humanidad de Donald y de Pedro (perdonen las confianzas; pero hace ya tanto tiempo…, que son como de la familia, aunque política y mal avenida, todo sea dicho) es similar: impostada, y, aun así, escasa y de carácter despótico- cesarista. Ya, ya sé que el uno es, dicen sus subordinados socioeconómicos o ideológicos (prácticamente los únicos que se atreven a opinar), progresista, mientras que el otro es un retrógrado machista, xenófobo y racista, según los mismos, y una reencarnación de Moisés y George Washington (todo en uno) guiando a su grey hacia la libertad en la tierra prometida para los propios. Da la impresión de que pertenecen a dos mundos bien distintos; pero, en realidad, les une (además de la actitud autoritaria) algo ciertamente relevante, a saber, que gobiernan dos sociedades culturalmente cercanas en decadencia, dos orillas del mismo Occidente aquejadas por idéntico mal: corrupción moral. Uno, de universo Marvel, gobernado por un macarra (un Capitán América entrado en años y en kilos), que ha transformado el matonismo chabacano explícito en una seña de identidad (como recientemente con el asunto de Ucrania) y que, haciendo honor al deshonor atávico de sus ancestros anglosajones, que, a lo largo de la historia, han demostrado sobradamente su tendencia imperialista —concretada, frecuentemente, en una capacidad para convertir el pillaje, la hipocresía, la invasión y la explotación en un arte, en el que la piratería es una política de Estado merecedora de reconocimiento nobiliario—, ha logrado convencer a gran parte de su pueblo de que se puede recuperar la gloria perdida aplastando sin contemplaciones a otros; es decir, vivir sin un atisbo de nobleza. El otro mundo, dirigido por otro engreído —de aspecto más civilizado, pero análoga concepción amoral del ejercicio del poder, solo que, eso sí, con menos medios (ya le gustaría y ya nos disgustaría), aunque no con menos ganas de omnipresencia y omnipotencia— se ha especializado en lo que podríamos denominar como hiperinflación mendaz, en la que la formidable cantidad de embustes progres y “chuliguays” y su rápido solapamiento sistemático, cual tejas en una cubierta, nos hacen a sus súbditos impermeables a la verdad, partícipes de la corrupción del conocimiento, y, por tanto, también víctimas propiciatorias del abuso intelectual indiscriminado; si bien, en este caso, con resultados materiales aún peores, porque el atropello no es, ni siquiera, egoístamente beneficioso para sus ciudadanos a costa de otros, sino extractivo con los propios para beneficio de unas élites degeneradas. En ambos casos, el mismo principio: la ley del más fuerte o, si se prefiere, por lo que a nosotros atañe, la del menos débil, la de Al Capone y Picciotto (más conocido por estos lares como Pichote), respectivamente, sometiendo y pervirtiendo al pueblo, aunque, eso sí, por su propio bien.


¡Lo que hay que ver y lo que queda! Los autócratas electos, reprochando a los demócratas selectos que la culpa de lo que pasa es de los predecesores: Ucrania, como es constatable, fue invadida hace tres años, a medias, por Zelenski y Biden y está a punto de ser liberada, por fin, por Putin y Trump; España, evidentemente, en grave peligro de involución “fascistoide”, porque sesudas investigaciones de una recién creada comisión de expertos en memoria democrática en Cuelgamuros (más conocida como AC/DC, por sus siglas en inglés, Almighty Cuelgamuros Democratic Commission) han demostrado fehaciente y progresistamente que el pérfido PP (casos Gürtel y demás complementos; los de Vox, no, porque no querían pactos: para hacer algo bien, hazlo tú mismo con Trump y no con la derechita cobarde) estuvo detrás de la financiación ilegal a Franco para dar el golpe de Estado de 1936 —que, como es sabido, acabó con los impecables principios democráticos del Frente Popular—, después de haberle robado su tesorero (no está claro cuál, ni si en directo o en diferido) el mal llamado oro de Moscú, durante el traslado a la URSS, a Largo Caballero y a Negrín.

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El hecho de que existan hoy entre la población gitana tasas de pobreza o abandono escolar tan superiores a la media no es producto de la fatalidad, sino de una discriminación que genera marginalidad, y ésta, a su vez, alimenta los prejuicios que perpetúan la exclusión del Pueblo Gitano.

Los humanos, con frecuencia, nos desanimamos por lo que no somos y quisiéramos ser; por el amor que quisiéramos dar, y ofendemos; incluso por la palabra de consuelo que es mal recibida y, en vez de consolar, aumenta pena a la pena; por nuestras meteduras de pata con la mejor intención del mundo.


El estado de salud del Papa Francisco es preocupante, pero no es lo más grave que está ocurriendo en la Iglesia Católica. En cuanto al orden político, ya no pueden establecer más leyes que provoquen la ira de Dios; ha llegado al súmmum. Esto se acaba, parece que ya no hay remedio, pero debe ocurrir para que se vea que Satanás no es el fin ni el triunfador.

 
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