Es insultante la expulsión de la mujer en los sistemas educativos y laborales de muchos países con religión musulmana, y un claro ejemplo es el régimen talibán, que prohíbe a las niñas asistir a la escuela y a la universidad, y es algo que no debe sorprendernos, ya que, de hecho, es uno de sus postulados. Miles de niñas se ven privadas de la educación y quedan a merced del ideario oficial como seres de ínfima categoría sin que siquiera su voz, sus pasos, su mirada, puedan ser observados. ¡Y ojo con aquellas que osen intentar aprender, leer, ir a la escuela...!
El universo de estas niñas pasa por un burka infame del que nunca podrán escapar, crecerán en la oscuridad y sin posibilidad de tener un futuro, una vida mas allá del dominio de su padre, marido o varón protector.
Muchas ramas del Islam, religión que contradictoriamente es apoyada por gran parte de la izquierda española (esa izquierda que a las personas normales nos llama machistas, racistas, retrógrados o xenófobos), adoptan la cultura y la educación como instrumentos de opresión, y no como símbolos de ilusión, anhelo, deseo para ser personas útiles.
Esperemos que esas niñas que ahora nadan en la duda, en el terror y en la incertidumbre puedan ser algún día ciudadanas de primera en su propia tierra.
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