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La gran Madre me envuelve, está en todas partes, en cada poro, grano de arena, éter que atraviesa todo. Todo lo anima, lo inspira, lo mantiene en armonía y lo potencia. Natura me alimenta –nos alimenta– de sus frutos, vientre de barro y fuego.
Recorremos la vida comprometidos con terceros, empresarios, jefes, superiores... Palmadas que esclavizan, crean, sin saberlo, sueños de ilusiones que se rompen... Los compromisos no generan confianza y futuro, sobre todo si el que sirve es pobre.
Hoy quiero hablar de un amigo al que no volveré a ver. Lo conocí personalmente un septiembre de hace cinco años, cuando me invitó (me introdujo) a una tertulia de cine en la que participaba desde tiempo atrás. Esa tarde no solo le puse cara a él sino a mucha más buena gente, y esa sencilla invitación fue la primera de tantas cosas por las que siempre quedaré en deuda con su generosidad.
Pochita, nuestra gatita blanca y negra, concha de tortuga, máscara de zorro, gato con botas y cuerpo de niña obesa, está gorda la chiquilla salada, lunar de gitana azucarada...
Sus infinitas particularidades impiden la similitud de unos con otros; en realidad todos son insustituibles. En especial si consideramos su vertiente proyectiva; de cara al futuro se abren posibilidades sin parangón. Apreciados como continente de quienes actúen en ellos y también como suma total, si añadimos las actuaciones de cuantos seres vivos emerjan desde sus estructuras. Vistos así, son una espléndida manifestación existencial.
Con el paso del tiempo el poder económico se vistió de Rey, de Príncipe, de Presidente, de Cortesano, de Empresario, de Diputado o Senador y, también, de Pobres con ropa usada.
Se llamaba Feng, aunque eso lo descubrí cuando él ya no estaba. Parecía satisfecho de lo que veía, y su mujer tenía siempre a mano la sonrisa que a él le costaba un poco más. Nunca me pregunté los tumbos que les llevaron aquí, y lo que debieron esforzarse para montar su negocio.
Mis amigos no descansarán hasta que España sea reconocida como un país amante de los animales. Montse, Antía y Pedro, dueños del Cat Café en A Coruña, piensan que todos los gatos deben tener casa, pero los que no, deben seguir el ejemplo de una amiga anónima que nos proponen para entrevistar y que acordaron llamar Mechita de Luz 77.
Es el día, de vivir otra vez, de apagar la vela de la melancolía.
Grandes filósofos han tratado sobre el amor a lo largo de la historia. Es una cuestión que posee una gran cantidad de matices y vertientes. Desde el amor romántico hasta el amor platónico y el cortés pasando por el amor a la humanidad y la amistad. Actualmente, en especial entre una considerable parte de la juventud y también en las personas adultas, parece que se está perdiendo la esencia auténtica de lo que es realmente el afecto en toda su plenitud y extensión.
A pesar de la evidencia en sentido contrario, seguimos con los comentarios rotundos sobre los hechos sucedidos. Pronto descubrimos la incongruencia de dicha rotundidad por la gran podadera integrada en la memoria; de manera inocente o manipuladora. No sólo por la sumación de datos, ya de por sí inabarcable; la dinámica de las múltiples peculiaridades es incesante, incluso varía a través del tiempo, evolucionan sus rasgos principales.
A pesar de que la soledad es una pandemia que golpea especialmente al mundo occidental y que en España afecta a unos cuatro millones de ciudadanos, uno no debe sentirse forzosamente candidato a padecerla. La sociedad es consciente del problema sanitario que representa la soledad porque puede generar depresión y en casos extremos: suicidio. Se pretende luchar contra ella fomentando relaciones sociales, especialmente entre las personas mayores.
Cada vez más me siento vinculado y parte de los países latinoamericanos que me han acogido. Detrás de cada gentilicio hay corazones con nombre y apellidos que son eslabones de una red invisible de esas que hacen posible el palpitar en el planeta y que me une a ellos sin dudarlo. Sin dudarlo, me siento bendecido.
Los varones, siempre los varones. Los varones siempre tienen otra cosa.
Supongo que me sucede lo mismo que a la mayoría de ustedes. Todos tenemos miedo al dolor y a lo desconocido. Los medios de comunicación tampoco nos ayudan demasiado.
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