El Concilio Vaticano II, en su constitución Sacrosanctum Concilium sobre la sagrada liturgia, señala que el sentido del año litúrgico «reside en celebrar con un sagrado recuerdo en días determinados a través del año la obra salvífica de su divino Esposo».
En líneas generales, el año litúrgico conmemora la Encarnación, Resurrección, la Pasión y la Ascensión de Jesucristo. También celebra Pentecostés, venera a la Virgen María y recuerda a los mártires y a los santos.
A día de hoy, nos encontramos en el período denominado «primer tiempo ordinario», el cual comenzó el lunes siguiente al domingo posterior al 6 de enero y concluirá el martes antes de Cuaresma, es decir, la víspera del Miércoles de Ceniza, el 26 de febrero.
La Conferencia Episcopal Española, en referencia al tiempo ordinario y en relación al año litúrgico, nos enseña que «además de los tiempos que tienen un carácter propio, quedan 33 o 34 semanas en el curso del año, en las cuales no se celebra algún aspecto peculiar del misterio de Cristo, sino más bien se recuerda el mismo misterio de Cristo en su plenitud, principalmente los domingos. Este periodo de tiempo recibe el nombre de tiempo ordinario», explica el Calendario litúrgico-pastoral 2019-2020.
Existe un segundo tiempo ordinario que transcurre desde Pentecostés hasta la Fiesta de Cristo Rey.
En referencia al color litúrgico correspondiente al tiempo ordinario, este es el verde que fue declarado oficial de este periodo en el año 1570 bajo el pontificado de Pío V, aunque su uso ya se había recomendado en el siglo XII por el papa Inocencio III.
Antes de este tiempo, no se había establecido un uso litúrgico unificado del color en las vestiduras. Aunque si existen referencias al uso de cuatro colores principales: blanco, rojo, negro y verde. Este último ya se utilizaba como color intermedio de los otros tres.
En el tiempo ordinario el sacerdote vestirá el verde en la casulla y en la estola durante las celebraciones litúrgicas.
|