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​Pensar, escribir, leer

Puede que se gobierne con menos oposición a un pueblo de ignorantes pendientes de su móvil que a una nación culta e instruida
Francisco Rodríguez
martes, 11 de enero de 2022, 08:46 h (CET)

Puedo estar equivocado, pero pienso que pensamos poco y leemos menos, pero nos distraemos con cualquier cosa.


Es el pensamiento y el lenguaje lo que nos hace personas, pero las palabras que utilizamos tienen una enorme carga tanto para el bien como para el mal. Con palabras podemos bendecir y podemos maldecir. Las palabras pueden servir tanto para ponernos de acuerdo como para declararnos la guerra, de aquí la importancia de saber utilizarlas para el bien. Si dices: te amo puede nacer una larga relación, una vida en común. Si dices: te odio puedes desatar todos los males del infierno.


Grabados en piedra podemos encontrar las palabras de los que nos precedieron hace miles de años que nos hablan de sus descubrimientos o de sus profundas reflexiones, de sus dioses y de sus demonios.


Saber leer y escribir nos eleva un escalón sobre la mediocridad, pero hay que utilizarlo, pensar y ponerlo por escrito, salvo que lo que pensemos creamos que no tiene ningún valor y sigamos con nuestros pasatiempos. Pasar del pensamiento a la escritura se amplió a partir del papiro.El papel y la imprenta abrieron un campo insospechado para hacernos llegar la filosofía, -el amor a la sabiduría-, o la poesía como belleza o las fantasías de novelas de aventuras tal vez inventadas, tal vez tomadas de sucesos reales.


El paso del tiempo fue trayendo otras novedades: artículos y comentarios de actualidad de vida efímera, salvo para coleccionistas y estudiosos. Llegó la radio y la gente pudo escuchar de forma inmediata lo que ocurríapor el mundo, luego la televisión ilustró con imágenes lo que nos contaban los narradores y ahora ha llegado el acabose: la eclosión de multitud de formas de transmitir palabras y ¡hasta ideas! de cualquier persona que envía desde su móvil o su ordenador tonterías y cuchufletas, en el mejor de los casos,o mentiras, bulos y ataques a quienes no piensen como ellos.


Pero el escalón que habíamos subido leyendo y escribiendo dejamos de utilizarlo. Son pocos los que leen y menos aún los que escriben, ocupados en responder WhatsApp y chats, escribir y responder en Twitter y otras formas de perder el tiempo. Por supuesto que siguen existiendo escritores, aunque no tengo clara su influencia hoy.


Me temo que una gran parte de mis conciudadanos no ha leído a Cervantes, aunque lleguen a obtener títulos universitarios. Pío Baroja, los Machado o Leopoldo Alas, quizás le suenen, pero leerlos y disfrutar con ellos, no tanto La rica literatura hispanoamericana creo que tampoco se disfruta con una lectura reposada. García Márquez, Pablo Neruda, Borges o Miguel Ángel Asturias ¿le dirán algo a la gente joven o nos responderán que “eso no se dio en clase”.


Puede que se gobierne con menos oposición a un pueblo de ignorantes pendientes de su móvil que a una nación culta e instruida. ¿Tendrá arreglo esto?


Cuando Bradbury escribió su novela Fahrenheit 451 había que quemar los libros por que resultaban peligrosos para los gobernantes, hoy lo que habría que quemar no son los libros sino otros medios de entretenimiento y disipación peligrosos para los ciudadanos.


Esta democracia, (que algunos han llamado demogresca) puede ser el resultado de haber entrado en un proceso destructivo en el que se utilizan las palabras como forma de lucha por el poder y no como medio de entendimiento para construir un futuro en el que imperen el respeto y el bien común.

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