"No habrá guerra civil!". Eso es lo que tuiteó el premier Benjamin Netanyahu a poco de que Aharon Barak, expresidente de la Corte Suprema, sostuviera que su país pudiese estar entrando en tal dirección debido a los intentos del mandatario de remover a los dos principales funcionarios públicos: Ronen Bar, jefe del Shin-Bet (la policía secreta) y Gali Baharav-Miara, Fiscal General. Ambos investigan al gobierno por serias acusaciones de corrupción. Netanyahu es el primer estadista hebreo que es juzgado estando en el cargo. En las últimas semanas, él asistió a varias audiencias donde ha llegado a perder los estribos. Antes del 7/10/2023 en Israel se llegaron a dar multitudinarias marchas semanales para oponerse a la reforma judicial oficialista que busca limitar la independencia de los tribunales. Aprovechándose de que la guerra ha pasado a primer plano, la ultraderecha insiste en querer purgar al poder judicial y evitar así que Netanyahu sea sentenciado por crímenes de sobornos.
El Shin-Bet es crítico a las maniobras gubernamentales de seguir con la actual guerra de Gaza, ha cuestionado al régimen sobre ciertos lazos oscuros con Qatar y choca con los fascistas de Itamar Ben-Gvir, ministro de seguridad, quien ha infiltrado a la policía. Si bien Shin-Bet se centra en vigilar a los palestinos (y tiene un historial de torturas, detenciones arbitrarias y matanzas de civiles), este también debe controlar a paramilitares sionistas, como los que anima Ben-Gvir para hacer pogromos en Cisjordania. En una reciente sesión del gabinete Bar y Ben-Gvir se agarraron a golpes.
La Corte Suprema suspendió el dictamen de Netanyahu para destituir a Ron, pero puede que ello no dure mucho. Le meta oficialista es tener un Shin-Bet que no investigue al gobierno y que pudiese reprimir a sus opositores hebreos, además de controlar a fiscales y jueces.
Según Canal 12 el 63% de los israelíes temen por el futuro de su democracia. Otra encuesta indica que el 44% tiene fe en la Corte Suprema, el 43% en la fiscal general y apenas el 17% en el Ejecutivo.
La mayoría de la población tampoco apoya reanudar la guerra en Gaza. Aún quedan 59 rehenes hebreos en dicha franja. Constantemente hay millares que se movilizan en distintas urbes demandando un alto al fuego para priorizar un intercambio de cautivos, rechazar el creciente autoritarismo y llamar a elecciones generales.
El grueso de los hebreos ven que la reanudación de los ataques en Gaza pone en riesgo a sus rehenes y que estas acciones tienen como fin salvar a Netanyahu. La actual coalición gubernamental entre extremistas religiosos y extremistas nacionalistas ha logrado sobrevivir debido a la nueva embestida bélica. Gracias a ello, Netanyahu ha asegurado el aval del 10% del parlamento que lideran los expansionistas Bezalel Smotrich (el único ministro de economía de una democracia en el mundo que abiertamente se jacta de ser un "fascista homofóbico") y Ben-Gvir (cuyo partido pide hambrear y expulsar a 2 millones de gazatíes). Un porcentaje mayor de congresistas religiosos le ha endosado al haber hecho concesiones a los ultra-ortodoxos para que sigan siendo subvencionados y puedan eludir servir en el ejército.
Para que este gobierno sobreviviese necesitaba aprobar un presupuesto anual, algo que no pudo lograr a finales del 2024 debido a tensiones políticas. El martes 25 el Congreso aprobó uno de $206.5 mil millones, donde se incrementa el gasto militar a costa de subir impuestos, bajar el poder adquisitivo de los salarios y las capas medias, aumentar el desempleo y el cierre de negocios.
Los misiles que los hotíes lanzan desde Yemen hacia el aeropuerto internacional Ben-Gurión puede que no produzcan pérdidas materiales o humanas, pero perturban el tráfico aéreo, conllevan a que millones pierdan tiempo corriendo a refugios y dañan la economía, mientras que su bloqueo al mar rojo ha colapsado al puerto de Eilat.
Tal es el hartazgo ante la guerra que buena parte de las tropas no quieren volver a servir y hay una gran emigración de israelíes.
Yair Lapid, líder de la oposición, llama a una huelga general que paralice al país y Yair Golian, ex-vicejefe del comando conjunto, pide una movilización a la serbia para derrocar a Netanyahu como si fuera un Milosevic (quien terminó condenado en La Haya). Neve Gordon, profesor israelí de la Universidad de Londres, sostiene de que cuando los israelíes hablan de defender la democracia no incluyen a los palestinos (quienes hoy son mayoría en el territorio administrado por dicho Estado). El analista Nour Odeh desde Tel-Aviv reconoce que la oposición hebrea no se conmueve con el drama de los 50,000 gazatíes muertos.
Ahora que Netanyahu pudo aprobar su presupuesto y salvar a su gobierno él podría tener un mejor margen de maniobra para negociar algún tipo de nueva tregua en Gaza. Para contentar a los ultranacionalistas haciendo concesiones al Hamás, él podría dejarles más cancha libre en Cisjordania.
Por el momento, Donald Trump tolera a un Israel que sigue bombardeando Líbano y Siria y guerreando en Gaza y Cisjordania. Ello debido a que quiere obligar a Irán a entrar en la mesa de negociaciones en condiciones inferiores. Empero, él puede cambiar su opinión, tal como lo ha hecho ante Ucrania, a la cual ha sacrificado ante Rusia.
El famoso periodista israelí Daniel Levy admite que su sociedad esta enferma al no mostrar empatía por las matanzas a los palestinos. Una forma en la cual Israel ha devenido en el único sistema parlamentario del mundo con ministros abiertamente fascistas es queriendo unir a toda la población contra un enemigo semita común: los árabes.
Las contradicciones en Israel van a conducir a fuertes protestas y tal vez al desplome de Netanyahu. Sin embargo, pocos allí hoy quisieran reconocer un Estado palestino.
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