En los últimos días, el Gobierno de España ha lanzado una ofensiva contra las universidades privadas, calificándolas en algunos casos de "chiringuitos". Tanto la ministra Montero como el presidente Pedro Sánchez han hecho declaraciones en las que cuestionan la calidad y el papel de estas instituciones dentro del sistema educativo español. Sin embargo, cabe preguntarse: ¿a qué responde este ataque y cuáles son sus verdaderas intenciones?
Es innegable que en España existen universidades privadas de gran prestigio, muchas de las cuales han formado a líderes en distintos ámbitos, incluidos miembros del propio Ejecutivo. No obstante, también hay centros cuya reputación deja mucho que desear, especialmente aquellos donde la concesión de títulos ha sido cuestionada. Un caso paradigmático es el de la Universidad Camilo José Cela, de la que egresó el propio Pedro Sánchez y cuya rigurosidad académica ha sido objeto de debate.
Este ataque gubernamental coincide con un momento en el que varios miembros del entorno del Ejecutivo, y de la familia de Pedro Sánchez, están bajo el escrutinio judicial por casos de corrupción. No es descabellado pensar que esta polémica se esté utilizando como una cortina de humo para desviar la atención de estos problemas. En política, no es raro que se lancen debates estridentes justo cuando la opinión pública podría estar más interesada en otros asuntos.
La regulación y la mejora del sistema universitario, tanto público como privado, es sin duda un debate necesario. La calidad académica y la exigencia en la concesión de títulos deben ser prioridades para garantizar la excelencia educativa en el país. Pero utilizar este debate como arma política, sin una intención real de mejorar el sistema, no hace sino aumentar la desconfianza de la ciudadanía en sus instituciones.
En definitiva, cabe preguntarse si este ataque responde a un genuino interés por mejorar la educación superior o si, más bien, es una estrategia para desviar la atención de problemas internos del propio Gobierno. Como dice el viejo aforismo latino: ad unum dicent omnes, todos repetirán el mismo discurso, pero el tiempo revelará sus verdaderas intenciones.
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