Muchas son las veces que uno se equivoca, que mete la pata, que se confunde de camino, que se ofusca con su razón sin levantar la mirada, que un error nos hace cometer muchos más por no reconocer el anterior, y de ahí la importancia de saber dar un paso atrás. Estos errores pueden quedar dentro del ámbito privado, pero cuando son en público tienen consecuencias sobre amplios colectivos, y aquí es donde hay muchas más razones para la reflexión, y es incluso más necesario el saber retroceder, cambiar el rumbo del barco, ya que podemos perder el norte o que el rumbo anterior no nos lleve a buen puerto.
Cuando una persona quiere tener siempre la razón y te dice que todo lo hace bien, eso es muy sospechoso. Todos tenemos derecho a equivocarnos, la diferencia puede estar en saber reaccionar a tiempo, en poner remedios para que esa confusión o equivocación no nos lleve a un pozo del que sea más complicado salir, o produzca mucho más daño.
En estos tiempos que corren, nadie reconoce que se ha equivocado, todos se refuerzan en sus posiciones, se hinchan como globos de colores para que les vean y les oigan desde lo más lejos posible.
Escucho declaraciones de portavoces de PP y PSOE, y mi conclusión es que carecen de un mínimo de humildad, y se observa la alta opinión que tienen de sí mismos y el poco crédito que dan a los demás.
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