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Con una inmensa dosis de ingenuidad, yo diría que incluso de candor, decía una ancianita que: "¡Hay que ver con el PP! Votar que 'No' a la subida de las pensiones". Por supuesto, ella no sabía argumentar la razón de tal decisión. Solo sabía que el PP había votado que 'No' a la subida de las pensiones. Eso es lo que queda. La simplificación de una retórica manipulada, retorcida, inducida, destinada a perpetuar la etiqueta de que el PP es muy malo.
¿Se acuerdan hace ya un tiempo cuando los medios deportivos de comunicación llamaron idiota al gran Luis Aragonés por no llevar a Raúl González a la Selección? Eso, desde fuera de los entresijos futbolísticos, suplantaba los criterios del técnico profesional, al que además se le insultó. En este caso, el adjetivo rebotó sobre los medios deportivos, y ¿quién quedó como verdadero idiota? No don Luis, sino los medios...
En el tejido social, cada persona lleva consigo una vida propia, construida sobre sus decisiones, acciones y circunstancias. Sin embargo, a menudo esta vida real se ve eclipsada por otra, una existencia paralela creada por los juicios, las mentiras y las calumnias de otros. Esta segunda vida no es vivida por la persona, sino imaginada por quienes la rodean, como reflejo distorsionado proyectado sobre su imagen.
El manipulador emocional es, en esencia, un estratega de lo humano, un mercader del alma ajena, cuyo objetivo es someter voluntades y saquear la libertad de quienes tienen la desgracia de cruzarse en su camino. No es un ladrón de ocasión, ni un bruto que fuerza puertas; es un maestro del artificio, un alquimista de sombras que convierte tus certezas en arena entre los dedos.
La violencia perversa, un fenómeno psicológico que emerge con fuerza en momentos de crisis, se caracteriza por la incapacidad de asumir responsabilidades emocionales o relacionales. Este tipo de violencia no se expresa de manera física, sino a través de la manipulación, el desprecio y la negación de la realidad emocional del otro.
¿Sindicatos del poder? ¿Sindicatos de izquierdas? Efectivamente, las dos cuestiones son ciertas, son reales. Estos sindicatos suelen moverse en el contexto de la descalificación y del desprecio, y lo más grave, es que descalifican y desprecian a sus propios representados. Estos sindicatos del poder son como un Frente Popular antisistema a la antigua usanza.
Una sociedad entra en degradación progresiva debido a una serie de “elementos nocivos”, según las normas y leyes de la naturaleza social, de la naturaleza moral y de los juramentos incumplidos. Es la degradación progresiva de una elite social gobernante que termina destruyen una democracia social conseguida con: honradez, igualdad, moralidad social y libertad social.
Según Wikipedia, el 'Gish gallop' (galope de Gish) o ametralladora de falacias es "una técnica de debate que se centra en abrumar al oponente con el mayor número de argumentos posible, sin tener en cuenta la exactitud o solidez de los mismos" y tendría como efecto colateral la imposibilidad de celebrar un debate sereno y constructivo al quedar desarbolada cualquier estrategia mínimamente racional del contrincante.
Hace poco leí que existen pedagogías incompatibles con la educación... Me quedé pensativo, razoné, y llegué a la conclusión de que eso es totalmente falso... ¿Por qué? Muy sencillo: la pedagogía es la herramienta, el mecanismo, que se utiliza para educar y enseñar.
La maldad humana es un tema que siempre ha sido objeto de estudio y reflexión a lo largo de la historia, de igual forma a día de hoy sigue siendo relevante y bastante preocupante. La maldad puede manifestarse de múltiples formas, desde actos violentos y criminales hasta manipulaciones emocionales y comportamientos moralmente muy cuestionables.
Organicemos un "club selecto", con ideología social y normativa totalitaria. Habremos creado un sistema elitista, protector de intereses de grupo, comerciante de conciencias, enemigo de la "libertad individual" y manipulador de la palabra. Lo llamaremos "partido".
De manos de mis padres recibí la ilusión de vivir; de sus mismas manos tomé conciencia de la dureza de la vida; de ellas mismas aprendí a caer sobre la tierra, dura pero pletórica de vitalidad y, sujetado a sus manos, aprendí a levantarme. Detrás de ellos se encontraba su fortaleza, abrazada a su fe, a su esperanza y a su gran amor, vestido de sencillez.
Aun recuerdo mis tiempos escolares en los que, al pasar lista, se contestaba con la exclamación: ¡Servidor! O aquél latiguillo que utilizaba López Vázquez: “un esclavo… un servidor”. Este sustantivo se ha dejado vinculado solamente a los distribuidores de Internet.
Aún tratándose de su versión más comentada, las estrategias militares no son la única expresión de estas técnicas del disimulo. Vivimos muy ligados a las diferentes formas de mostrarnos de manera equívoca, con toda clase de matices e intensidades. Si unas veces las desarrollamos con plena voluntariedad, son evidentes los encubrimientos que se manifiestan al margen de las intenciones del protagonista.
Viendo lo que ha acontecido y acontece, creo que es urgente un plan de saneamiento ideológico en Catalunya y en muchos rincones de España. ¿Qué hay que hacer para ello? Voluntad política y creer en unos mínimos principios democráticos, unos principios que no son patrimonio de la izquierda, como nos quieren hacer ver.
Eso que ahora se llama inteligencia artificial, la que entrega el futuro de las personas a las máquinas, dicen que es ahí donde se encuentra un más que lucrativo negocio para el gran capital. Además, parece quererse demostrar la corta inteligencia de parte de la especie humana, porque el negocio se ha empeñado en que una máquina venga a sustituirla en casi todo.
La sociedad occidental estaría caracterizada por el imperio del hedonismo y el nihilismo frente al espíritu crítico y la cultura del esfuerzo del siglo XX al estar formada por individuos consumo- dependientes de bienes materiales que conforman una masa homogénea, acrítica y fácil de manipular por las clases dirigentes.
Acostumbrados a los adornos políticos, cuya finalidad no es otra que entregar a las gentes a las creencias, mientras grupos de intereses variados hacen sus particulares negocios, quizá no estaría de más desprender a la política de la apariencia que le sirve de compañía y colocarla ante esa realidad situada más allá de la verdad oficial. Lo que quiere decir lavar la cara al poder político para mostrarle sin maquillaje.
Utilizar al Rey como actor forzado en la escena final de su opereta y ni siquiera anunciar una moción de confianza prueban que este hombre buscaba - sin mucho éxito - provocar a los malos, al enemigo, a los periodistas y tertulianos que forman parte de ese imaginario contubernio fascista que le quiere desalojar del poder.
Sentenció Ludwig Wittgenstein que “la filosofía es una lucha contra el embrujamiento de nuestra inteligencia mediante el uso del lenguaje”. Una afirmación curiosa aunque imprecisa, y susceptible de interpretaciones varias e incluso opuestas. Podría pensarse el aserto como referencia a la capacidad de seducción, pero el embrujamiento que se cita se acercaría más bien a la mentira, esa “forma de talento”, que así la definió Marguerite Yourcenar.
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